¿Qué sucede cuando las redacciones cambian los debates impulsados por el café por sesiones de ideas con inteligencia artificial? ¿Pueden la curiosidad, los errores honestos y el verdadero trabajo en equipo sobrevivir en un mundo dominado por algoritmos, o incluso prosperar?

Álvaro Liuzzi conoce las respuestas a estas preguntas. Como periodista argentino, estratega digital y uno de los principales defensores en América Latina de la integración de la IA en el periodismo, ha pasado los últimos veinte años moldeando cómo funcionan realmente las redacciones. Su recorrido abarca desde experimentos prácticos en medios locales argentinos hasta liderar proyectos digitales innovadores en Chequeado.com, Deutsche Welle, La Nación y la iniciativa Redacciones5G.

Pero para Liuzzi, la innovación y la tecnología nunca han sido solo una cuestión de herramientas nuevas. Es el tipo de experto que involucra a su equipo en cada experimento, se siente cómodo con los comienzos incómodos, apuesta por aprender tanto de los pequeños logros como de los fracasos, y está decidido a mantener la chispa humana en el corazón del periodismo.

Álvaro Liuzzi

“Seguir siendo obsesionado con el cliente sigue siendo la clave de la gestión de productos. Si no estás creando una solución para el problema de alguien, probablemente solo estés construyendo algo por hacerlo, lo cual no es un buen enfoque.”

“Seguir siendo obsesionado con el cliente sigue siendo la clave de la gestión de productos. Si no estás creando una solución para el problema de alguien, probablemente solo estés construyendo algo por hacerlo, lo cual no es un buen enfoque.”

En esta conversación, analizamos su enfoque práctico: aprender, investigar, experimentar, documentar, y el rol esencial que juegan la confianza, el trabajo colaborativo y una conversación abierta para mantener el periodismo relevante y humano, incluso cuando los algoritmos ya están presentes en el oficio.

Aquí, Álvaro Liuzzi nos lleva detrás de escena:

— ¿Cómo estuvo a punto de fracasar su primer experimento con IA, solo que eso sirvió para inaugurar una nueva forma de trabajo?
— ¿Por qué una política de IA significa mucho más que una lista de normas, y cuál es el secreto para que realmente funcione?
— ¿Cómo se vive ver a un equipo escéptico transformarse en innovador, resolviendo juntos problemas reales?

Desde las lecciones aprendidas en redacciones argentinas hasta las estrategias para construir políticas de IA reales, Liuzzi ofrece una hoja de ruta directa y esperanzadora para todos los que creen que el futuro de las noticias pertenece a quienes se atreven a preguntar:
¿A quién servimos y cómo puede la tecnología ayudar, no obstaculizar, esa misión?

Aviso sobre el uso de IA: Para la preparación de esta introducción y la edición de la entrevista, se utilizaron herramientas de inteligencia artificial con una cuidadosa supervisión y edición humana. Creemos en la importancia de ser transparentes respecto al uso de la IA en nuestro trabajo.
Aviso sobre el uso de IA: Para la preparación de esta introducción y la edición de la entrevista, se utilizaron herramientas de inteligencia artificial con una cuidadosa supervisión y edición humana. Creemos en la importancia de ser transparentes respecto al uso de la IA en nuestro trabajo.
Q & A

Q. Álvaro, sos reconocido como uno de los pioneros en América Latina en explorar cómo la inteligencia artificial puede transformar el periodismo. ¿Qué fue lo que te inspiró inicialmente a meterte en este campo y cómo supiste ver el potencial de la IA en los medios antes de que se convirtiera en una tendencia global?

A. En mi caso, más que una revelación puntual, fue una evolución natural. Hace más de veinte años que trabajo en la intersección entre medios, tecnología e innovación, y a lo largo de ese recorrido fui testigo de varios momentos clave que transformaron la industria. La llegada de la web 2.0, el impacto de las redes sociales y la consolidación de las plataformas móviles por mencionar sólo 3 de las más destacadas. Todas esas nuevas tecnologías y tendencias modificaron de forma profunda la manera en que se producen y consumen las noticias, y esos momentos de quiebre son fascinantes para quienes saben adaptarse.

Particularmente la inteligencia artificial, sobre todo en su versión generativa, me llamó la atención desde el comienzo porque entendí que no estábamos frente a una simple herramienta más, sino ante un verdadero cambio de paradigma que iba a exigir una revisión profunda de los métodos y los roles tradicionales en el periodismo. Esa intuición me llevó a involucrarme de lleno y a empezar un proceso de exploración activa que todavía continúa.

En ese sentido comencé a explorar este fenómeno antes del boom de ChatGPT, no desde lo técnico, sino poniendo el foco en su dimensión cultural, ética y productiva. Quería entender cómo podía transformar nuestra relación con el conocimiento, cómo iba a alterar las formas de narrar noticias, qué implicancias tendría en el funcionamiento de las redacciones y cuál sería, en ese nuevo contexto, el lugar que debía ocupar el periodismo.

Esa inquietud me llevó a escribir, a investigar, a dar clases, a desarrollar proyectos experimentales y a acompañar procesos de cambio en medios de distintos países de América Latina. En ese camino confirmé algo que sigo sosteniendo hasta hoy. La inteligencia artificial no viene a reemplazar al periodismo, pero sí nos obliga a repensarlo. Y en eso radica su verdadero valor. No es un fin en sí mismo, sino una oportunidad concreta para redefinir qué tipo de periodismo queremos hacer en esta nueva etapa.

Q. Sueles dar conferencias a nivel internacional y capacitaciones en medios de comunicación. ¿Qué tan importante es contar con distintos espacios de formación y por qué es clave que las redacciones apoyen este tipo de desarrollo profesional para sus equipos?

A. La inteligencia artificial está avanzando con fuerza en todas las áreas de una redacción, desde la producción hasta la distribución de contenidos, y ese avance implica una transformación profunda en los perfiles, las rutinas y la cultura profesional dentro de los medios.

En este contexto, las organizaciones que apuestan por la formación continua de sus equipos no solo están fortaleciendo sus capacidades internas, sino que también están construyendo una ventaja competitiva clara frente al resto.

En los distintos espacios de capacitación que suelo desarrollar como consultor junto a medios y periodistas de América Latina, suele repetirse una misma escena. Hay una demanda creciente de profesionales que quieren entender qué es la inteligencia artificial, cómo funciona y, sobre todo, cómo pueden aplicarla de forma concreta en su trabajo diario. Aquello que hasta hace poco podía parecer ciencia ficción, hoy ya forma parte de las decisiones editoriales del día a día. Si los medios no acompañan ese proceso de aprendizaje, inevitablemente quedarán al margen de la transformación.

Un aspecto clave en este proceso tiene que ver con la capacidad de los medios para atraer y retener perfiles que no necesariamente dominen lo técnico, pero sí tengan la habilidad de aprender rápido, adaptarse y reinventarse frente a nuevas herramientas y lenguajes. En un entorno de cambio constante, la flexibilidad para desaprender y volver a aprender se vuelve tan importante como cualquier conocimiento específico.

Hay además una dimensión estratégica que no se puede ignorar. Cuando los equipos comprenden el funcionamiento de estas tecnologías, pierden el miedo, desarrollan autonomía y pueden aportar valor desde una mirada distinta. La inteligencia artificial no se limita a automatizar tareas. También invita a repensar procesos, redefinir roles y revisar dinámicas con una perspectiva crítica e innovadora.

Estoy convencido de que los medios que apuestan por este tipo de formación no están simplemente sumando habilidades técnicas. Están generando condiciones para que sus equipos se conviertan en protagonistas del cambio. En un escenario tan dinámico y desafiante como el actual, esa actitud puede marcar una diferencia sustancial en la capacidad de adaptación e innovación de cualquier redacción.

Álvaro Liuzzi durante una presentación organizada por la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas.
(Foto del archivo personal de Álvaro Liuzzi.)

Q. En tu trabajo, solés apoyarte en el enfoque “Aprender. Investigar. Experimentar. Documentar.” ¿Por qué es tan importante que los periodistas prueben tecnologías nuevas y documenten lo que hacen? ¿Cómo contribuye ese proceso al crecimiento de toda la redacción?

A. Siempre intenté mantener un equilibrio entre mi rol como profesor de comunicación en el ámbito académico y mi trabajo como periodista y consultor dentro de la industria de los medios. Son dos espacios que muchas veces funcionan desconectados, pero que personalmente creo que deberían estar mucho más vinculados. La academia aporta profundidad, mirada crítica y herramientas metodológicas. La industria, en cambio, te enfrenta con lo urgente, con lo práctico y con los desafíos reales de las redacciones. Poder cruzar esas dos experiencias me ayuda a tomar lo mejor de cada una y aplicar herramientas de un mundo en el otro.

Desde ese lugar fue que empecé a construir y sostener un enfoque que hoy es central en mi trabajo: aprender, investigar, experimentar y documentar. Intento ser metódico con eso ya que me permite sistematizar lo que hago y compartirlo de forma clara con colegas y redacciones. No se trata solo de explorar nuevas tecnologías por curiosidad, sino de entenderlas en profundidad, probarlas en contextos concretos, identificar qué funciona y qué no, y dejar un registro útil para otros.

Ese registro puede tomar muchas formas, desde una guía interna hasta un caso de integración de IA en un medio local latinoamericano. Lo importante es que ese conocimiento no quede encerrado en una sola persona. Compartirlo es también una forma de trabajo abierta y ética, porque permite que lo aprendido escale, circule y enriquezca a parte del ecosistema.

Q. Cuando hablamos de IA y periodismo, también hay que hablar de ética. Vos hablaste muchas veces sobre la necesidad de crear lineamientos éticos para el uso de IA en medios, e incluso creaste una versión personalizada de ChatGPT con ese fin. ¿Cuál es la forma más efectiva de que una redacción construya su propia política de uso de IA? ¿Y cuál es el error más común que suelen cometer en ese proceso?

A. Creo que un buen camino para construir una política de uso de IA en una redacción es partir de una pregunta básica pero fundamental: ¿para qué queremos usar esta tecnología? A partir de ahí, el proceso debería ser colectivo, transparente y contextual. No existen recetas universales, porque cada medio tiene su identidad, su modelo de negocio, su forma de trabajo. Por eso es importante que esa política no se redacte en soledad ni se copie de otro lugar, sino que surja de conversaciones reales entre periodistas, editores, equipos técnicos y directivos.

Una buena política de IA no debe estar encorsetada en un documento, es una herramienta viva que debe ayudar a tomar decisiones concretas: qué tareas se automatizan, cómo se valida la información generada, qué nivel de supervisión humana se requiere, cómo se informa al lector cuando hay intervención de IA, entre muchas otras cosas. Y sobre todo, tiene que estar alineada con los valores del medio y con el compromiso que tenemos como periodistas frente a la audiencia.

En ese camino, uno de los errores más comunes que suelen repetirse en los medios es enfocar el tema desde una mirada puramente técnica. Como si se tratara sólo de definir qué herramientas se van a usar o qué software se va a instalar. Pero una política ética no se trata de tecnología, se trata de criterios editoriales, de responsabilidad profesional y de confianza. Y sobre todo, tenemos que dejar de hablar exclusivamente de máquinas para empezar a hablar de personas. De los equipos que van a integrar esa tecnología en sus rutinas de trabajo, de cómo se van a formar, cómo van a tomar decisiones y cómo se va a sostener la supervisión humana en cada proceso. Porque al final del día, no se trata de lo que la IA puede hacer, sino de cómo decidimos usarla.

Como mencionas, durante 2024 diseñé una versión personalizada de ChatGPT titulada AI Guidelines para acompañar ese tipo de procesos. Está entrenada con más de 40 directrices de uso de inteligencia artificial en medios de todo el mundo, lo que le permite ofrecer orientación contextualizada, marcos de referencia y ejemplos concretos. No busca reemplazar decisiones humanas, sino servir como una herramienta de apoyo para que las redacciones puedan pensar, debatir y construir sus propios lineamientos de manera informada.

Reveal Quote

“Los gerentes de producto deben prestar mucha atención a los datos utilizados para el entrenamiento, teniendo en cuenta las leyes de privacidad y consentimiento, que estarán presentes en todas partes y variarán según las regiones y los estados.”

Reveal Quote

“Yo sí utilizo sistemas generados, como Co Pilot Intelligence para completar código. Experimento con estas herramientas para comprender sus capacidades… A menudo le pido a la IA que me dé 20 ideas en un dominio específico, sabiendo que la mayoría serán aburridas o conocidas, pero esperando uno o dos conceptos novedosos. Este enfoque amplía mi manera de pensar.”

Q. Repetís con frecuencia que la ética no es una tarea puntual, sino un diálogo constante entre periodistas, equipos técnicos y audiencias. ¿Cómo recomendás mantener viva esa conversación y rendir cuentas frente a los cambios tecnológicos que avanzan tan rápido?

A. La integración de la IA en las redacciones periodísticas no es solo una cuestión de eficiencia o innovación tecnológica, es también una cuestión profundamente ética, que influye en la esencia de cómo se informa y se comprende el mundo. Por eso insisto en que la ética no puede pensarse como una lista de tareas a resolver una vez y para siempre. Es un diálogo constante, que debe sostenerse en el tiempo y adaptarse al contexto.

Para mantener viva esa conversación es clave generar espacios concretos dentro de las redacciones donde se puedan debatir usos, límites y decisiones. No alcanza con tener un protocolo escrito si nadie lo revisa o discute. La ética necesita tiempo, pero también necesita espacios, una reunión de planificación, una capacitación interna o un comité editorial. Y necesita, sobre todo, voces diversas. No es una discusión que puedan dar solo los desarrolladores o los directivos, tiene que incluir a periodistas, editores, diseñadores, audiencias y comunidades.

También es importante documentar los procesos y registrar las decisiones. Eso permite revisar lo hecho, rendir cuentas, corregir errores y aprender. Y en paralelo, contar lo que se hace. Las audiencias valoran la transparencia, y los medios que comunican cómo usan la IA, con qué criterios, en qué contextos y con qué supervisión, construyen confianza en un momento donde la relación con la tecnología genera muchos interrogantes.

Q. Cuando integraste IA en Todo Jujuy, involucraste a periodistas, desarrolladores y editores de contenido. ¿Por qué es fundamental incluir a todo el equipo en estos procesos de cambio? ¿Y cómo impacta eso en el éxito general de las iniciativas con IA en una redacción?

A. Cuando trabajé como consultor en la integración de IA en Todo Jujuy, desde el principio tuve claro que no podía ser una iniciativa limitada a un área técnica o a un grupo reducido de personas. Por eso involucré a periodistas, desarrolladores, editores de contenido y otros perfiles del equipo. Porque más allá de la herramienta que se implemente, lo que realmente debe transformarse es la cultura de la organización, la forma en que se trabaja, se producen contenidos, se toman decisiones editoriales y se colabora dentro del equipo.

La inteligencia artificial tiene una naturaleza transversal. Atraviesa todo, desde cómo se recopila información hasta cómo se titula una nota, cómo se publica en redes o cómo se analiza el comportamiento de las audiencias. Si solo una parte del equipo entiende de qué se trata o cómo funciona, lo más probable es que se generen fricciones, resistencias o malos usos.

Incluir a todo el equipo en este tipo de procesos no solo mejora la implementación, también fortalece la apropiación. Cuando los periodistas participan, entienden que no se trata de reemplazar lo que hacen, sino de complementar, de automatizar lo repetitivo para liberar tiempo y energía para lo que realmente importa. Cuando los desarrolladores se involucran con los desafíos editoriales, pueden diseñar soluciones más ajustadas a la realidad del medio. Y cuando los editores entienden el potencial de estas herramientas, pueden tomar mejores decisiones estratégicas. La IA es una buena excusa para intentar trabajar mucho más comunicados entre las áreas de una redacción.

Además, el trabajo colaborativo permite detectar más rápido riesgos, sesgos o efectos no deseados. Y genera una cultura de innovación compartida, donde la tecnología no es algo impuesto desde afuera, sino algo que se construye hacia adentro, desde las necesidades reales de la redacción.

Este tipo de enfoque integral no garantiza que todo salga perfecto, es verdad, pero aumenta considerablemente las chances de que el cambio sea sostenible en el tiempo y tenga un impacto positivo real dentro de la organización.

Álvaro Liuzzi en TVMorfosis, un foro de medios e innovación sobre el futuro
de la comunicación pública.

(Foto del archivo personal de Álvaro Liuzzi.)

Q. Creaste la guía “IA en el periodismo” y liderás la newsletter #Redacciones5G, donde compartís tendencias y consejos prácticos. ¿Cuáles son los temas y recomendaciones que más están interesando hoy a los periodistas?

A. Una de las cosas que más me entusiasma de coordinar el newsletter Redacciones5G y haber escrito la guía IA en el periodismo es poder estar en contacto directo con lo que realmente le interesa a quienes trabajan todos los días en las redacciones. Hoy veo mucho interés, y también muchas preguntas, en torno a los usos concretos de la inteligencia artificial. Lo que más buscan periodistas y editores son ejemplos aplicados, herramientas accesibles y recomendaciones prácticas que puedan usar sin necesidad de ser especialistas en tecnología.

Pero también están apareciendo otras preocupaciones que van más allá de lo técnico. Hay una curiosidad creciente por entender cómo están cambiando los equipos de trabajo dentro de los medios. La transformación de roles es cada vez más visible y comienzan a consolidarse perfiles como editores de producto, analistas de datos, responsables de innovación o especialistas en audiencias. Esa evolución trae consigo nuevas preguntas sobre qué habilidades son necesarias hoy y cómo acompañar a los equipos para que puedan adaptarse y crecer en ese contexto.

La sostenibilidad de los medios también es un tema muy presente. Muchas redacciones están buscando modelos de negocio más diversificados. Se habla de membresías, newsletters pagos, realización de eventos, generación de comunidades o alianzas estratégicas con organizaciones. Lo que más interesa es conocer qué está funcionando, por qué y en qué condiciones. Y entender que el modelo único ya no existe.

Otro eje fuerte es el periodismo local. En un momento de sobreabundancia informativa global, lo cercano vuelve a tener sentido y muchos medios están buscando formas de cubrir sus comunidades con tecnología accesible, pero sobre todo con un enfoque más participativo y conectado con las realidades de sus lectores y lectoras.

Y por supuesto, la desinformación sigue siendo una preocupación constante y creciente. No solo desde la verificación de datos, sino desde la necesidad de construir narrativas claras, confiables y sostenidas en el tiempo.

Q. Según tu experiencia, ¿cuál es la lección más importante que le darías a una redacción que está dando sus primeros pasos con la IA?

A. Si tuviera que resumirlo en una sola idea, diría que la lección más importante es empezar con un propósito claro. No incorporar inteligencia artificial porque es tendencia o porque otros medios lo están haciendo, sino porque puede resolver una necesidad concreta dentro de la redacción. Esa claridad inicial evita frustraciones, ayuda a elegir mejor las herramientas y permite medir con más precisión el impacto de lo que se está haciendo.

También es clave entender que no hace falta hacer todo de golpe. A veces se piensa que integrar IA implica una transformación total y rápida, y eso genera ansiedad en los equipos. Lo más efectivo suele ser empezar con proyectos pequeños, acotados, que permitan probar, aprender, ajustar y escalar. La experimentación es fundamental, pero tiene que estar acompañada por tiempo de análisis, reflexión y documentación.

Y, sobre todo, asumir que esto no es solo un cambio técnico, es un cambio cultural. Por eso, la formación y el trabajo colaborativo son tan importantes. Cuanto más se involucre al equipo desde el inicio, mejor será la apropiación de las herramientas y más genuina será la innovación que se logre. Las redacciones que entienden esto no solo adoptan tecnología, también fortalecen su capacidad de adaptarse a lo que viene.

Álvaro Liuzzi durante la 80.ª Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa, Córdoba, Argentina, octubre de 2024.
(Foto del archivo personal de Álvaro Liuzzi.)

Q. Cada vez más redacciones usan IA para personalizar contenido y entender mejor a sus audiencias. ¿Qué herramientas y estrategias considerás más efectivas para construir una conexión más fuerte con los lectores en este contexto digital?

A. La personalización a través de inteligencia artificial es uno de los caminos más potentes que están explorando las redacciones para fortalecer su vínculo con las audiencias. Pero es clave entender que personalizar no significa simplemente repetir patrones ni mostrar más de lo mismo, sino ofrecer contenido relevante, útil y contextualizado según los intereses, hábitos y necesidades de cada lector.

En ese sentido, hay herramientas muy efectivas como los sistemas de recomendación de contenidos o los motores de análisis de comportamiento en tiempo real, que permiten diseñar experiencias más precisas y aumentar la retención. Sin embargo, también es fundamental hacer un trabajo crítico sobre los algoritmos que median esas decisiones.

La ubicuidad de los algoritmos, su capacidad de estar en todas partes al mismo tiempo, los convierte en actores centrales del ecosistema informativo actual. Determinan qué leemos, qué vemos, qué escuchamos y lo hacen sin que muchas veces seamos conscientes de ello. Esa mediación tiene un impacto directo en cómo las sociedades se informan y construyen su visión del mundo. Por eso es urgente que los medios, además de usarlos, empiecen a auditarlos, entender cómo operan, con qué sesgos y qué tipo de efectos generan.

Solemos preguntarnos qué significan los algoritmos para los humanos, pero también es importante invertir esa lógica y preguntarnos qué significamos nosotros para ellos. Los algoritmos nos interpretan como como una secuencia de clics, y su lógica principal es convertirnos en una cadena infinita de clics futuros. De ahí que tiendan a reforzar nuestros intereses previos y a exponernos a contenido cada vez más similar, lo que alimenta las burbujas de filtro, sesgos de confirmación y, en muchos casos, fenómenos como la desinformación.

En ese contexto, construir una conexión sólida con las audiencias no depende solo de aplicar tecnología, sino de hacerlo de manera responsable. Se trata de combinar datos con intuición periodística, usar los algoritmos sin dejarse usar por ellos, y mantener siempre en el centro una idea clave. La personalización no debe poner en riesgo la diversidad informativa, ni la exposición a miradas distintas, ni mucho menos el derecho a una ciudadanía bien informada.

La inteligencia artificial puede ayudar a fortalecer el vínculo con el lector, pero esa relación sólo se sostiene si está fundada en la confianza, la transparencia y el compromiso editorial.

Q. Con una tecnología que avanza a una velocidad impresionante, ¿cómo hacés personalmente para mantenerte inspirado y actualizado con lo último en periodismo e inteligencia artificial?

A. Intento mantenerme siempre atento a lo que está ocurriendo. Leo de forma constante, no solo sobre inteligencia artificial y medios, sino también sobre cultura digital, innovación, educación y diseño. Me interesa moverme entre disciplinas porque, muchas veces, las ideas más valiosas surgen precisamente en esos cruces.

También me considero una persona curiosa con respecto a las herramientas. Me gusta probar lo nuevo que aparece, no porque todo sea aplicable, sino porque la única forma de entender realmente una tecnología es usarla. Explorar sus posibilidades, detectar sus límites y evaluar cómo podría integrarse en los flujos de trabajo de una redacción. Me sucede con frecuencia que una herramienta que parecía poco relevante en un contexto específico termina resolviendo una necesidad concreta en otro.

Otro aspecto fundamental en mi caso es el trabajo directo con medios. Las capacitaciones, los talleres y las consultorías me permiten estar en contacto con realidades muy diversas y con periodistas que enfrentan desafíos reales. Ese intercambio constante me obliga a revisar mis propios enfoques, a mantenerme con los pies en la tierra y, sobre todo, a seguir aprendiendo.

Y hay algo más, que para mí es clave en ese proceso. La mejor forma que encuentro para comprender a fondo una tecnología o una tendencia es sistematizar lo que aprendo y explicarlo a otros. Enseñar, en ese sentido, no es solo una instancia de transmisión, sino también una herramienta de comprensión profunda. Cuando uno se obliga a ordenar ideas, contextualizar conceptos y traducir lo complejo para otros, ese conocimiento se vuelve más claro, más sólido y más útil.

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Branislava Lovre

Branislava is a Media Expert, Journalist, and AI Ethicist who leverages her expansive knowledge and experience across various media outlets and digital landscapes.

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